jueves, 2 de julio de 2020

Método de enseñanza de equitación.

Amigos del caballo! En este post les comparto un poco de nuestra experiencia como profesor de equitación, cualquier enseñanza, sea del tipo que sea, debe tener un método  para que el alumno sea capaz de asimilar lo que el profesor quiere enseñar. El método  ha de  ser  progresivo,  estudiado,  pedagógico…, pues  si  es  progresivo  y malo  no dará el resultado apetecido, que debe ser progresivo y bueno. El profesor o la dirección  del curso, si este está programado  por alguna escuela  o  centro,  debe  sentarse  y  fijar  objetivos  y  metas,  dividir  el  trabajo y  exponerlo,  fijando  su  intensidad  según  el  calendario.  En  España,  tenemos  el  curso  escolar  que  está  plagado  de  fiestas  y  de  etapas.  Comenzando el  curso  tras  la  etapa  veraniega  se  dispone  de  tres  meses  hasta  Navidad y  Reyes.  Pasadas  estas  fiestas  se  debe  fijar  en  la  Semana  Santa  que  es  movible  con  su  correspondiente  Pascua,  para  llegar  al  final  del  curso  con  la entrada  del  verano,  donde  se  deberá  elegir  la  fecha  de  finalizar  el  curso, bien  fin  de  junio  o  mediados  de  julio,  según  el  clima  que  haga  donde  se desarrolle el curso. Cuando  hablamos  de  curso,  también no  referimos  a  clases,  bien de  un solo alumno o varios. Todo profesor debe organizar su enseñanza en tiempo y  espacio para adjudicar en ese tiempo y  espacio todo lo que  quiere enseñar, comenzando por lo más elemental. Los ingleses e irlandeses fueron los primeros que organizaron en sus granjas,  escuelas  de  equitación, algunas todo  el  año  y otras  en épocas  de vacaciones.  Recordamos  infinidad  de  jinetes  que,  para  perfeccionar  su inglés, se iban a las islas británicas a montar a caballo y comenzaban por ejercer de mozos, algunas veces contra su voluntad. El método británico comienza en la cuadra, arreglando a su caballo, limpiando su box, para comenzar, desde el principio a conocer a su caballo. ¡Qué mejor, para conocer a un caballo que arreglar su box, darle de comer, beber, limpiarlo! Es el principio del método que, aquí en España, se hace  muy pocas  veces.  Los  padres  de  las niñas  y niños,  que  comienzan a montar a caballo, nos dicen inmediatamente que no tienen tiempo, que roban tiempo  de  descanso  para poder  montar  y no  para limpiar caballos, que por cierto bastante  caro les resulta al pagar a un mozo por ello.  Yo les digo que sábados y domingos  es tiempo de ir a la cuadra a interesarse por  su  comida,  su  bebida, su  aseo  y su  herraje.  Se  puede  ir al cajón  o  al guadarnés y tomar los  utensilios para montar y colocarlos  tras una ligera limpieza, así sabrá si su caballo es cosquilloso, nervioso, arisco, etc., así como el estado anímico del día. El conocimiento comienza en la cuadra. El profesor desvelará los misterios que pueda encerrar el caballo, enseñando los  principios  fundamentales  de la equitación, la psicología del caballo y los aires y reacciones de él. Después  comenzará poco a poco, progresivamente  llenando  espacios  y alcanzando  metas,  desde  la primera vez que un novel se monta en un caballo parado, a la enseñanza de ir al paso, trote, galope, pasando por la enseñanza del trabajo a la cuerda, trabajos en el picadero, para salir al exterior, más trabajos llamados ajustados hasta alcanzar, según haya querido dedicarse,  a doma, saltos..., las metas de cada modalidad,  que en este caso  serán: el adiestramiento y los saltos de obstáculos de calidad. Habrá  que  tener  una  estrategia  didáctica. En la actualidad se ha superado  su  inicial  ámbito  militar  y  se  refiere  como  habilidad  o  destreza  para dirigir un asunto. Referido al campo de la didáctica, los diversos tipos de estrategias son todos aquellos enfoques y modos  de actuar que hacen que el profesor dirija con pericia el aprendizaje de sus alumnos. Podemos afirmar  que  la  estrategia  didáctica,  se  refiere  a  todos  los  actos  que  favorecen el aprendizaje, que muy bien podrá tratarse de métodos  técnicos  y procedimientos. El  primero  de  ellos,  el  método  o  camino  para  llegar  a  un  fin,  es  el  actuar de  una manera  ordenada  y calculada  para alcanzar  unos  objetivos  previstos,  o  bien,  dirigir  nuestra  actividad  hacia  un  fin  previsto  siguiendo  un orden y disposición  determinados.  También podría ser una organización racional y práctica de los medios técnicos y procedimientos  de enseñanza para dirigir esta hacia unos resultados previstos. Y por último también podríamos  decir  que es un proceder  de modo  ordenado e inteligente para conseguir el incremento del saber, la difícil transmisión del mismo o bien la formación total de la persona en esa materia. 
En todo método se distinguen diversos aspectos: 
•  Objetivos que se pretenden 
•  Medios materiales adecuados 
•  Técnicas y procedimientos para cada caso 
•  Orden racional para alcanzar los objetivos
•  Tiempo a emplear, ritmo a imprimir en el trabajo. 
El método como la equitación en sí, también tiene unos principios fundamentales en que se basa y sostiene, y pueden ser estos: Principio de la ordenación que supone la disposición  ordenada de todos sus elementos en progresión bien calculada, para que la enseñanza sea eficaz. Principio de  orientación, que proporciona  a los  alumnos  una orientación segura y definida para que aprendan de modo seguro. Principio  de  finalidad,  que  lo  hace  válido  y  significativo  cuando  apunte  a los objetivos que los alumnos deben alcanzar. Principio de adecuación, a través del cual se procura adecuar los datos de la materia a la capacidad de los alumnos. Principio de  economía,  que procura  cumplir  sus  objetivos  del  modo  más rápido fácil y económico  en tiempo, materiales y esfuerzos, sin perjuicio de la calidad de la enseñanza. El segundo acto que favorece la enseñanza, son las técnicas de enseñanza, tan  importantes  en la equitación; son un recurso didáctico, son como los instrumentos que se pueden usar a lo largo del desarrollo de cada método. De ahí, que para alcanzar sus  objetivos, un método  de enseñanza necesita  echar  mano  de  una  serie  de  técnicas.  Se  puede,  pues,  afirmar,  que el método  sea  efectivo a través  de  las  técnicas.  El  método  parece  más  amplio que la técnica y llegamos al tercer acto favorecedor de la enseñanza que dijimos  eran los  procedimientos  didácticos  o maneras  de  desarrollar un determinado  método  instructivo  desde  una perspectiva predominantemente lógica. Un método de enseñanza puede ser individualizado, a un solo alumno, caso  que vemos muy a menudo  en equitación. Un jinete de reconocido prestigio es contratado por un jinete novel para que eleve el nivel de sus conocimientos  y de  su  práctica y si  es  contratado  por otro o  varios,  tendrá que recapacitar en la enseñanza individualizada, pues no hay dos alumnos iguales en grado de madurez, capacidad  general, aptitudes, preparación, ritmo de trabajo, resistencia a la fatiga. Si  el método  de  enseñanza  es  para un grupo,  el trabajo, sin descuidar  la enseñanza individualizada, irá orientado al grupo y habrá mucho que escribir  sobre sus  ventajas  en la  formación  del  alumno,  siempre  que el profesor esté bien preparado, exponga  lo que quiere decir con claridad, que es la exposición didáctica o procedimiento por el cual el profesor, valiéndose  de  todos  los  recursos  de  su  lenguaje  didáctico,  presenta  a  los alumnos  un  tema  nuevo,  definiéndolo,  analizándolo  y  explicándolo  de tal forma que sea inteligible para poder ser asimilable. Para ello el profesor debe tener los conocimientos  de la equitación con una gran solidez, debe dominar el objeto de lo expuesto, la corrección, claridad  y sobriedad  del  estilo, tan necesario  en la equitación,  que por no desarrollar la práctica en habitación cerrada, siempre habrá que elevar la voz, pero con corrección, claridad, sobriedad, palabras que no nos cansaremos  de repetir, como  las características de una buena exposición de un tema. 
De un profesor de equitación se esperan las mismas cualidades que se requieren para un buen profesor, en cualquier rama de la enseñanza: debe  tener un conocimiento completo de la materia, y  estar  en  condiciones de hacer una demostración práctica al alumno, no para hundir al alumno demostrándole su inoperancia sino para demostrarle que siguiendo sus instrucciones, se puede conseguir fácilmente el objetivo deseado. De esta forma el alumno admirará al profesor y la enseñanza será más efectiva. Naturalmente,  un  profesor  deberá  tener  un  conocimiento  muy  profundo del  caballo,  de  sus  reacciones,  de  su  psique,  de  su  estado  momentáneo, en resumen, de todo él. También debe conocer a sus alumnos, calibrar sus problemas, tanto  físicos como  psíquicos y de todo ello depende la calidad del profesor, pues como hemos repetido un sinfín de veces, un excelente jinete puede ser un mal profesor, y por el contrario, un jinete mediocre puede ser un buen profesor. Debe tener autocontrol y paciencia.  Autocontrol, para aceptar, tanto los progresos,  como  las faltas y los estancamientos  en el proceso  de asimilación. Jamás se pondrá colérico ni utilizará un aire desagradable, ya que esto sería un mal ejemplo para el alumno y una falta contra sí mismo. Durante la clase, ni por el tono de la voz, ni por la expresión de  la cara, notará el alumno que no se aprueba lo que hace. El profesor  se mostrará  sosegado,  y no sorprenderá con  cambios  de carácter  de  un  día  a  otro.  No  hay  nada  más  deprimente  que  un  profesor  que un día corrige una falta con  paciencia  y comprensión,  y al día siguiente, la misma falta, lo hace con brusquedad y destemplanza. Esto confunde al alumno y le imposibilita para sentir y corregirse a sí mismo.  Ciertamente no es fácil controlarse  en algunos casos,  pero es de  todo  punto necesario, si  se  quiere  consolidar  el  respeto  que el  alumno  debe sentir  a  su  profesor. La  paciencia,  que  tiene que ser  virtud  en  el  jinete, debe serlo  mucho  más, en el profesor de equitación. Debe esforzarse en alentar  al alumno con calma, lo cual le hará superar cualquier dificultad con más  facilidad, que con  brusquedades,  que solo  conseguirán  ponerlo cada  vez más  nervioso. El  profesor  usará la calma  en su  trato con  el caballo y el alumno,  animando a este segundo a que siga su ejemplo. No  se  debe  esperar  la  paciencia  en  el  alumno,  cuando  uno  no  da  más  que muestras de enfado y tiene un carácter desagradable. Se debe conocer el alumno y no esperar el mismo  progreso en todos. Un nivel puede ser adquirido en pocos días, por unos y el mismo nivel en más tiempo, por otros. Es una excelente táctica, suspender la clase después de que el alumno haya realizado  un buen ejercicio  recién explicado, es un reconocimiento y estímulo, para emprender nuevos ejercicios. Para el caballo también es un premio por un trabajo bien hecho. 
Un profesor de equitación debe estar compenetrado con sus caballos y alumnos.  Como  jinete  debe saber  ejecutar  lo  que enseña  y cómo  enseñarlo a sus alumnos.  Como profesor, debe comprender la mentalidad del alumno, sobre todo si hay una gran diferencia de edad.  Al mismo tiempo, es bueno que tenga  en cuenta  que  todos los días puede aprender una cosa más, que enriquecerá su experiencia. Si cumple todo lo expuesto, lleva una vida  honorable, será un ejemplo  para sus  alumnos  que querrán imitarle como  jinete e incluso como  persona, que servirá para la total formación del individuo. En el siguiente Post hablaremos de lo que esperamos de los alumnos. 


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